El hombre (im)perfecto

¡Damas y caballeros, niñas y niños, bienvenidos al gran circo de la vida real! El único lugar en el que el la función no la realizan personas ataviadas con llamativas vestimentas y grotescos maquillajes. Un espectáculo sin igual en el que los únicos animales enjaulados y privados de su tan ansiada libertad son los seres humanos. Un circo cuya entrada y duración se estima en una vida completa, nacimiento y defunción incluidos. Y como en todo espectáculo que se precie, no puede faltar la gran obra maestra, el gran colofón, el broche de oro. Con todos ustedes, en exclusiva, les presento al hombre perfectamente imperfecto. ¿Quieren conocerlo? ¡Pasen y vean!

Contemplen con sus cinco sentidos (si es que no les falta ninguno) a este espécimen. Es algo extraordinario. O, mejor dicho, es ordinario a tamaño extra. Un ser al cual, si tuviesen como vecino, ni se darían cuenta de su existencia. Un auténtico paria, de los pies a la cabeza. Y empezando por ésta, comprueben como el pobre es más tonto que las piedras. Intentó hacer una O con un canuto, pero sólo consiguió una mísera C. ¿Estudiar? Para él, esa palabra no existe. ¿Trabajar? No sabe lo que es un contrato fijo. ¿Prestaciones? Sí, alguna vez ha intentado pedir prestado algo. Sin éxito, por supuesto. ¿No es lamentable? Pues para lamentables, sus relaciones con las mujeres. Algunas de éstas lo han llegado a ver como un amigo tipo oso de peluche, del cual llegaron a decir que le querían mucho. Ahora, en cuanto a darle un morreo o echarle un par de polvos, antes lo hacen con un yonki de Las Barranquillas, sin importar si éste sigue vivo o ya se encuentra en la morgue.

Hablando de cadáveres, con lo paliducho que, es lo raro es que no le hayan dado un papel de figurante en The Walking Dead o en la saga de películas de Resident Evil. Aunque para bordar el personaje tendría que andar medio arrastrándose, y eso sólo lo puede conseguir de dos formas: o emborrachándose o con un desengaño amoroso. Lástima que la licorería más cercana pille a kilómetros y que el detector de furcias está estropeado para ver si hay alguna que esté presenciando ahora mismo este espectáculo tan bochornoso. Bochornoso también su estilo de caminar, y ya ni hablemos el de bailar. Ahora, lo que sí controla es el tema de la ortografía. Escribe normal, incluso con acentos. Lo único, no concibe el escribir en otros lenguajes. Quizás porque es demasiado estúpido como para aprender algunos más elaborados, como el SMS o el cani-choni-poligonero. Lo dicho, más tonto y no nace. Pero nació, para sorpresa de algunos. Luego creció, para sorpresa de éstos y de unos cuantos más. Y ahora… pues aquí está, para sorpresa de todos.

Sorpresa también su poca gracia física. Un tapón que mide casi lo mismo de ancho que de alto, y cuyo rostro inspiró a Peter Jackson para que recrease con horrenda fidelidad a los orcos del Mordor. Si te lo encuentras en un callejón oscuro a medianoche, es posible que acabes muy mal. Pero no por acabar con heridas de arma o con más golpes que en un torneo de golf, sino más bien por el susto que te puedes llevar. Y si hablamos de sustos, mención aparte merece que él no necesita disfraz en Halloween para impresionar. Sólo le hace falta su rostro y la ropa que viste habitualmente. Toda una patada en la boca de los diseñadores, críticos y entendidos del mundo de la tan alta como cuasi anoréxica costura. Digno de arrancarse los ojos. Es más, si tienen ganas de hacerlo, no se priven. ¡Como si estuviesen en su casa, faltaría más! Lo que sí se echa en falta en él es una voz dulce y melodiosa. Pero, para colmo de males, su voz es estridente y varios tonos de volumen por encima de lo normal. A su favor hay que decir que no le hace falta gastar en altavoces. Ahorra en altavoces, en ropa elegante, en disfraces y en condones. Teniendo en cuenta sus nulos ingresos y su incapacidad para conseguirlos, es un punto a favor. ¿No creen, damas y caballeros? No todo va a ser tan horrible acerca de este hombre tan perfectamente imperfecto.

Si están desilusionados porque esperaban algo mejor, no se lamenten. Aún queda espectáculo. Es más, pueden participar en él. ¿A que es genial? Siéntanse libres de lanzarle cacahuetes, tomates, huevos de todo tipo sin importar su estado, escupitajos, botellas,… Pueden también insultarle y ridiculizarle sin piedad. ¡Siéntanse co-protagonistas de tan genial como aberrante espectáculo! Y todo por un módico precio, el cual podrán pagar a plazos durante toda la vida. La misma que dura este espectáculo. Pero no hablemos de dinero ahora mismo, que está a punto de comenzar la función en la que monos trajeados, salidos de un recinto con leones de piedra, se dedican a realizar fechorías varias a los pobres espectadores. ¿Se lo van a perder?

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