The V(ery bad) Experiment

Una de las cosas con las que más me asemejo es con un dummy. De cada diez cosas que hago en mi vida, unas ocho o nueve podrían verse, a ojos del resto de la gente, como locos e imprudentes experimentos. Y de cada diez de mis locos e imprudentes experimentos, otros ocho o nueve terminan acabando en actos suicidas o temerarios. Por éstas y muchas otras cosas, nueve de cada diez psiquiatras recomiendan mi internamiento en los centros donde trabajan. Aunque hoy voy a hablar de una sola, la cual he bautizado como “The V(ery bad) Experiment”.

Todo empezó con una especie de historia (por no decir histeria) de amor, allá hace cinco años. Pasado un tiempo, pasé de estar cegado por amor a estar cegado por el odio, tras previo paso de cegado por una cornamenta que no sólo me impedía ver la realidad, sino que, para más inri, pesaba más que los testículos de Peter North tras tres meses sin evacuar. Sin contar las mil y un mentiras que me tragué por ser más tonto que las piedras. Porque, todo hay que decirlo, se puede ser gilipollas sin ser bueno, pero no se puede ser bueno sin acabar siendo gilipollas. Y es que, por si ya tuviera más defectos de fábrica que una puerta blindada sin cerradura, no puedo evitar ser un imbécil integral. Eso sí, siempre con buena fe. Bueno, casi siempre. Bueno, de vez en cuando. Bueno, de higos a brevas. Bueno, más o menos como un putero con esposa e hijos. Bueno, digo yo que tendré algo bondad. Bueno, ehm… ¡Bueno, vamos a dejarlo!

Tras acabar esta “relación sentimental” de forma tan idílica como el paso del Katrina por Nueva Orleans, estuvimos un buen tiempo sin hablarnos. Hasta que un día, en plena paja mental previa al típico cortocircuito cerebral, me dio por enviarla un mensaje (sí, éste es el momento en el que cualquiera me puede poner a caldo por cometer semejante tontería) para, en un intento de demostrar que soy el tío más corto y patético del planeta y de parte del universo, retomar la relación Rodentia-Vulpes (por si alguien lo pregunta, yo hago de Rodentia, pues carezco de vulva). Como cabe esperar, ella se relamió cual depredadora, y se abalanzó hacia mí de forma feroz.

Pasaron unos meses más, y, lo que prometía ser una orgía de sangre y vísceras, acabó convirtiéndose en lo más parecido a la hora del té en Buckingham Palace. Y esto, para un masoquista, suicida y con pocas luces como yo, es como poner a Nemo en un acuario para tortugas. Y lo peor es que, por mucho que intentaba que hubiese algo de guerra, sólo encontraba indiferencia y pasividad. Así que, viendo que mis ansias por ser azotado y maniatado se quedaban en la típica y perfecta fantasía utópica, en cuanto la que consideraba mi dominadora principal se ausentó un tiempecito, la dejé un mensaje diciendo más o menos lo siguiente: “Yo que quería que me atases con la cuerda, y tú, lo único que supiste hacer, fue un cuadro con nudos marineros. ¡Pues para marinero yo! Me voy a otro puerto a buscar sirenas sin cola. A ver si ponen más huevos que tú.”

Ayer recibí correspondencia de Vulpes, a la cual, con cariño e hijoputeísmo, la voy a llamar V. En dicha carta, V puso las típicas excusas de siempre, diciendo que no tenía tiempo para someterme y demás tonterías. Entre esas tonterías, me pidió que volviese a hablar con ella. La verdad es que, en todo este tiempo en el cual hemos compartido entre abominables masacres y largas y aburridas esperas, me he dado cuenta de que éste no ha sido más que otro de mis estúpidos experimentos. Y, como todo experimento, he sacado conclusiones interesantes. Aunque yo solamente me quedo con la que más valor tiene para mí. Y es que, básicamente, no merece la pena volver a intentar nada con V. Ya nos divertimos lo suficiente cuando yo me auto-mutilaba psicológicamente para disfrute de ella. Y, pese a que sigo siendo un masoquista, hacer siempre lo mismo me aburre. Necesito sentir otras formas de dolor y alivio. Necesito complacer y ser complacido como nunca lo había hecho y sentido antes. Necesito algo que me sacie de nuevo, pero sin llegar a saturarme. Y eso V no puede hacerlo.

V, si alguna vez, por casualidad, lees esto, la respuesta es NO.

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