El algoritmo de la suerte

Antes de nada, he de anunciar que he decidido subir algunos escritos que tenía guardados. Algunos los llegué a publicar en antiguos blogs que tenía, cuando usaba otras identidades (algunos saben cuáles son). Este artículo es uno de ellos.

La suerte. Tan caprichosa. Tan maravillosa. Tan hija de la grandísima… Sí, la misma que todos “conocemos”. Pero, ¿alguien se ha parado a pensar porqué existe? ¿Y quién o qué la crea y la reparte?

No hay cultura o religión, existente en la actualidad o extinta a lo largo de nuestro periodo sobre la faz de la tierra, que no crea ni haya creído en la suerte. Ninguna. Parece que, junto a los típicos temas de los dioses, el más allá, las guerras y el sexo, la suerte está ligada al ser humano. La buena suerte, sí, pero también la mala, al igual que, simplemente, la ausencia de la propia suerte (la cual puede tomarse erróneamente como buena o mala).

A veces, cuando las cosas me han ido mal, he llegado a pensar que nací con una maldición debajo del brazo. Pero luego me pongo a recordar, y, en algunas cosas (o, mejor dicho, en algunos casos), podría considerarme afortunado. Afortunado de haber nacido y haber crecido en una buena familia, de que no me partiera la cabeza al tirarme por una cuesta con una moto para críos, de que el avión que se averió estando mi madre y yo dentro no hubiese despegado todavía, de haber conocido a gente que de verdad merece la pena,…

Pero es por ese mismo motivo por el cual escribo estas palabras. Esta aleatoriedad me recuerda a la clase Random en programación. Y, en cierto sentido, he llegado a una hipótesis tan chiflada como la de cualquier científico fanático del Dr. Fred Edison, pero tan válida como cualquier otra que pueda dar cualquier Premio Nobel. Dicha hipótesis no es otra que la del algoritmo de la suerte. Un algoritmo que genere un número concreto, y ese número es una persona. Luego, como si fuese una quiniela, se dictaminaría si la suerte es buena, mala o nula, repartiéndola cual regalo de amigo invisible (a veces agradable, otras veces una mierda). Ahora bien. ¿Qué, quién o quiénes manejan tal algoritmo? ¿Somos nosotros los que, a través del subconsciente, dictaminamos nuestro bien y nuestro mal? ¿O quizás sean seres superiores que solo se dejan ver en bosques por la noche cerca de un bar de mala muerte, mientras que el resto del tiempo lo pasan manejándonos a través de un tablero cual piezas de ajedrez?

Que conste una cosa. No soy un dios, ni un superhéroe, ni un adivino, ni un matemático, ni nada por el estilo. Solo soy alguien que se para de vez en cuando a contemplar el mundo tal cual lo (des)conocemos y se hace tales pajas mentales que ya quisieran algunos fumados. Así que, quien haya llegado hasta aquí pensando que había descifrado el algoritmo y que podría cambiar la suerte de todos y cada uno de los seres vivientes de este planeta, ha pecado en exceso de fe ciega y de imaginación.

En fin… como solté el otro día por algunos lares, a una gran pregunta le siguen infinidad de respuestas estúpidas, mientras que a una pregunta estúpida le siguen infinidad de grandes respuestas. Ahora bien, las preguntas que he hecho sobre el tema, ¿son grandes o estúpidas?

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Un pensamiento en “El algoritmo de la suerte

  1. SebaFuTzu

    Tal vez el algoritmo hay que crearlo. Nosotros funcionamos con él de manera inconsciente, pero si se pudiese transmitir a las máquinas, sería genial. No se si tus preguntas son estúpidas o no, porque yo también me las he hecho, de hecho llegué aquí justamente pensando en si a alguien más se le había ocurrido algo semejante a dicho algoritmo. Saludos

    Responder

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