Pagando un error

Hoy es uno de esos típicos días en los que, tras un sueño raro en el que se mezcla lo freudiano, un poco de conciencia y otro toque de pesadilla, estoy hecho una mierda psicológicamente. Y todo por un error que cometí. Sí, ya sé, puede que alguien piense que como si fuese yo perfecto como para no cometerlos. Ni es el primero que cometo, y tampoco será el último. Pero es uno de estos errores que ha dejado mi conciencia y mi karma más manchadas de lo que estaban. Y que, por desgracia más que por suerte, dudo mucho que vaya a tener una oportunidad para enmendarlo.

Si miro hacia atrás, me doy cuenta de no soy más que una fábrica de accidentes y errores. Empezaré a contar desde que nací. Aunque si tuviese que enumerar todas y cada una de mis meteduras de pata, este texto tardaría días enteros en ser leídos. Entonces… ¿Por dónde empezar? ¿Por la historia por la cual estoy tocado de la moral? Para casi todo el mundo sería irrelevante, y, aquellos que quisiesen decirme algo, me dirían que me rallo por nada. Aunque, ya que estamos (mejor dicho, ya que estoy), diré que es por una tercera persona a la cual he hecho mucho daño, y dudo mucho que tenga una única oportunidad para decirle que lo siento, entre otras cosas. No hay día que pase sin que me arrepienta de lo que hice. Si hubiese una manera de hacérselo llegar saber, independientemente de lo que respondiese, probablemente mi llanto dejaría de ser escuchado.

Me encantaría sentirme como un personaje de un videojuego. El tener varias vidas para rectificar, en el caso de estamparme de vil manera en alguna de las fases de la vida que me ha tocado vivir, es algo que ya quisiéramos tener unos cuantos, no sólo yo. Aunque solamente pudiese usarse unas pocas veces. Esta situación sería una de ellas, aun quedándome un único cartucho de vida. Pero sé que esto es el mundo real, y acá no se regalan las segundas oportunidades.

¡Joder! Es tan cierto como doloroso eso de que echas de menos y valoras de verdad a alguien cuando ya no está en tu vida. Quizás es lo que de verdad merezco. El sentirme vacío y herido, con las cicatrices aún en carne viva, latiendo y sangrando sin cesar. Cicatrices que me he provocado yo al hacer daño al hacer daño a alguien a quien quería mucho, y sigo queriendo con toda mi alma.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde, que de ilusiones se puede vivir, y que soñar es gratis. Yo aún conservo algo de las tres cosas, aunque con una pequeña diferencia en lo último. Estoy pagando, y muy caro, este error. Para mí es una condena en una celda cuyos barrotes y paredes están formados por angustias y tormentos. Y, para más inri, desconozco la fecha de mi liberación.

Ya apenas me quedan palabras. Y lo único que me sale es decirle a esa persona lo siguiente. Lo siento. Te quiero. No me odies.

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3 pensamientos en “Pagando un error

  1. kalebh

    hay errores que se deben pagar y penitencias que deben cumplirse, eso se llama etica moral. equivocarse en la vida y estrellarse se llama madurar. si puedes corregir los errores, se corrigen, sino se debe seguir adelante, la vida sigue y es mas peligroso vivir en el pasado que haberse equivocado. todos tenemos una historia. usa la tuya para no repetirla.

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    1. Juanfran Autor de la entrada

      Buenas, Kalebh. Por supuesto que hay que pagar las condenas y cumplir las penitencias. Sobretodo, si la misma persona que las cumple las ha reconocido. El admitir los errores y aprender de ellos también es síntoma de madurez. Es más, yo soy de los que piensan que todo problema, provocado por uno mismo, tiene la solución en el propio error. Eso sí, una cosa es analizarlo para saber donde está el fallo, y otra muy distinta es anclarse en ese momento como un repetidor. La historia de uno mismo no puede acabar así…

      Un saludo.

      Responder
  2. Juanfran Autor de la entrada

    Al final todo se solucionó, así que se acabó la condena. Pero dejaré este artículo, como huella y advertencia por si se me vuelve a pasar una cosa parecida por la cabeza.

    Muchas gracias a todos los que os habéis preocupado por mí… :-)

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