Senderos

Los infinitos senderos de la vida no entienden de tiempo ni de afecto. Por muy fuertes que puedan ser los sentimientos (respeto, aprecio, amistad, cariño y amor, entre otros) o por tan largo periodo de tiempo en el que la unión fue irrompible.

Puede parecer increíble, pero, en más ocasiones de las que cualquiera pueda llegar a imaginar, estos senderos obligan a tomar un camino alternativo al de muchas de esas personas. Algunos de esos caminos llevan a un mismo punto. Otros, por el contrario, destruyen el nexo en varios pasos. Al principio todo es dolor con ciertas dosis de tortura y ralladura de cabeza. Pasado un tiempo, lo único que quedan son los recuerdos y unas cuantas cicatrices. Si dichos recuerdos tienen poca nitidez y las cicatrices son pequeñas, se corre el riesgo de sumergir todo lo referente a esa persona, y, por supuesto, a lo vivido juntos, en el ostracismo perpetuo.

Por suerte o por desgracia, mi memoria todavía se conserva lo suficientemente lúcida y afilada como para seguir recordando tanto sus nombres como las historias que escribimos juntos. Historias que, aun teniendo muy pocas esperanzas, espero recuerden todas esas personas y no se hayan transformado en papel mojado.

PD: Si hay alguien que lee esto y se da por aludida/o… Bah… ¿Qué más da?

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