Las dos caras de una misma moneda

Mientras gran parte de la ciudad lleva horas en brazos de Morfeo, yo llevo en vilo toda la noche, debido a que el dios de los sueños pasó de largo al llegar a mi habitación, pues vio que las dichosas rameras llamadas alma y corazón preferían divertirse a costa de mi falta total de sueño y de una cada vez más profunda confusión. Una confusión que me desorienta y me hace vulnerable ante hienas sin escrúpulos que se aprovechan de mi debilidad para intentar hacerme ver una realidad que no es tal. Pero dicha confusión también provoca que este osito de peluche, como alguien me llamó una vez, enseñe los dientes, alce las garras y destroce todo lo que hay alrededor.

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El hombre (im)perfecto

¡Damas y caballeros, niñas y niños, bienvenidos al gran circo de la vida real! El único lugar en el que el la función no la realizan personas ataviadas con llamativas vestimentas y grotescos maquillajes. Un espectáculo sin igual en el que los únicos animales enjaulados y privados de su tan ansiada libertad son los seres humanos. Un circo cuya entrada y duración se estima en una vida completa, nacimiento y defunción incluidos. Y como en todo espectáculo que se precie, no puede faltar la gran obra maestra, el gran colofón, el broche de oro. Con todos ustedes, en exclusiva, les presento al hombre perfectamente imperfecto. ¿Quieren conocerlo? ¡Pasen y vean!

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Prisionero de mi coraza

El sol dejó de alumbrar mi vida. Los días son películas tristes en blanco y negro. Las noches reflejan un tapiz de sangre. Las nubes me ayudan a derramar unas lágrimas que ya agoté. El clamor de los truenos refleja los gritos de furia y dolor que ya no puedo lanzar. La tormenta perfecta… para pillar una puta depresión. Una tormenta que genero yo mismo, y de la cual me escondo en una coraza, de la cual soy prisionero.

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Mi vida, mis reglas

No sabría decir si es desde que uso de razón o incluso antes, porque durante toda mi puta vida he tenido que escuchar como la gente que estaba a mi alrededor, sin importar si había lazos de sangre o no, me decía como tenía que ser mi vida. Que debía hacer, como debía vestir, con quién debía tener amistad, que es lo que estaba bien y lo que estaba mal,… De pequeño nadie se puede percatar de que, por desgracia, dichas personas intentan transformarnos a su imagen y semejanza. Como si intentasen que, de mayor, fuésemos robots perfectos. El problema es que yo no soy ningún robot ni ningún clon de nadie.

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The V(ery bad) Experiment

Una de las cosas con las que más me asemejo es con un dummy. De cada diez cosas que hago en mi vida, unas ocho o nueve podrían verse, a ojos del resto de la gente, como locos e imprudentes experimentos. Y de cada diez de mis locos e imprudentes experimentos, otros ocho o nueve terminan acabando en actos suicidas o temerarios. Por éstas y muchas otras cosas, nueve de cada diez psiquiatras recomiendan mi internamiento en los centros donde trabajan. Aunque hoy voy a hablar de una sola, la cual he bautizado como “The V(ery bad) Experiment”.

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El algoritmo de la suerte

Antes de nada, he de anunciar que he decidido subir algunos escritos que tenía guardados. Algunos los llegué a publicar en antiguos blogs que tenía, cuando usaba otras identidades (algunos saben cuáles son). Este artículo es uno de ellos.

La suerte. Tan caprichosa. Tan maravillosa. Tan hija de la grandísima… Sí, la misma que todos “conocemos”. Pero, ¿alguien se ha parado a pensar porqué existe? ¿Y quién o qué la crea y la reparte?

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Pagando un error

Hoy es uno de esos típicos días en los que, tras un sueño raro en el que se mezcla lo freudiano, un poco de conciencia y otro toque de pesadilla, estoy hecho una mierda psicológicamente. Y todo por un error que cometí. Sí, ya sé, puede que alguien piense que como si fuese yo perfecto como para no cometerlos. Ni es el primero que cometo, y tampoco será el último. Pero es uno de estos errores que ha dejado mi conciencia y mi karma más manchadas de lo que estaban. Y que, por desgracia más que por suerte, dudo mucho que vaya a tener una oportunidad para enmendarlo.

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